El recuerdo a los tres militares fallecidos marca el inicio del curso en la AGA

Un grupo de alumnos de la Academia General del Aire (AGA) salen, ayer, tras la apertura oficial del nuevo curso. / A. Salas
Un grupo de alumnos de la Academia General del Aire (AGA) salen, ayer, tras la apertura oficial del nuevo curso. / A. Salas

El general Martínez-Avial destaca que el índice de siniestralidad está «por debajo de los países de la OTAN»

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Pasión y perseverancia. Son las dos claves que dio el coronel director de la Academia General del Aire, Manuel de la Chica, a los 76 nuevos alumnos, aspirantes a oficiales del Ejército del Aire (EA), «para lograr éxitos a largo plazo». «Son la clave que distingue a los triunfadores», les dijo en la apertura del curso, que incorpora a la 75 promoción de la AGA desde su creación en Santiago de la Ribera. En un curso que irremediablemente comenzó marcado por los dos accidentes aéreos que dejaron tres fallecidos -el comandante Francisco Marín a bordo de un C-101 frente a La Manga el pasado 26 de agosto, y solo 20 días después, el comandante Daniel Melero y la alumna Rosa Almirón en una Tamiz-, el coronel De la Chica quiso recordar a los alumnos que ingresan en «una escuela de aviadores valientes y de liderazgo».

«Rigor en los conocimientos, valor, capacidad de convencimiento y dotes para formar equipo», enumeró el director de la Academia como virtudes para dirigir en el futuro las misiones del Ejército del Aire. Les señaló como objetivo «adquirir los conocimientos técnicos y humanísticos, y las destrezas necesarias que os aseguren la credibilidad antes vuestros jefes y vuestros subordinados». Les recomendó «perseverancia aplicada al estudio», que más allá de los resultados académicos «se transformará en un modo de vida que os ayudará a levantaros de vuestros fracasos, a reconocer los errores y a no conformaros con el mínimo». «Sois líderes», les recordó en un mensaje de impulso para afrontar las exigencias de la formación, que aúna la disciplina militar con el grado de Ingeniería en Organización Industrial y, para los aspirantes a piloto, la enseñanza de vuelo. Son 68 nuevos alumnos -solo dos mujeres- más los que ya formaban parte de las Fuerzas Armadas que se suman al periodo de instrucción para convertirse en oficiales en el Centro Universitario de la Defensa (CUD), que en sus 10 años de historia ya ha formado a cinco promociones integradas en sus diferentes destinos.

Solo en el curso pasado, 105 profesores -entre ellos, 5 de Argentina, Estados Unidos e Italia- se entregaron a la tarea de completar la enseñanza de los 517 alumnos de la AGA. El curso culminó con 22.879 horas lectivas, de las que 17.830 fueron de enseñanza individual en vuelo para pilotos de la AGA, de la Armada y de la Guardia Civil.

La 75 promoción se incorpora con 76 alumnos en el CUD, que cumple su décimo aniversario

El jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire, general Javier Salto Martínez-Avial, destacó en su discurso «el índice de siniestralidad de la AGA, que está por debajo de los otros países de la OTAN».

En un discurso especialmente emotivo y dirigido a reforzar el ánimo de los alumnos tras las pérdidas de dos profesores y una compañera, el JEMA reconoció que «solo un aviador sabe lo que es perder a un aviador compañero y amigo».

«Se va una parte de nosotros y, aunque volar es una profesión de riesgo, lo sabe todo el Ejército del Aire, nos revelamos contra los accidentes», dijo el general Salto en el salón de actos de la base costera. «Lograr cero accidentes no es posible, pero reducirlos a la mínima expresión sí es posible con formación, que es la prioridad del EA, trabajo con rigor, disciplina del personal de vuelo y tierra, y una importancia absoluta de la seguridad en vuelo», afirmó el alto mando.

Dos accidentes aéreos

«Cuando las circunstancias hacen que, después de muchos años, se produzcan dos accidentes, los asumimos con profesionalidad, con valentía y motivándonos siempre para realizar mejor si cabe nuestra misión», alentó el general, quien destacó «la tremenda importancia del profesor de vuelo en la AGA».

Tras el duro golpe de los dos siniestros, el JEMA quiso reiterar «el orgullo que en el Ejército del Aire sentimos por la Academia General y por sus profesores». Destacó «la profesionalidad y destreza que requieren los profesores de vuelo para remontar situaciones que se producen al volar con alumnos que se sientan por primera vez en una cabina o que arrancan por primera vez un motor a reacción» Sobre la elección profesional de los alumnos, afirmó que «sois per se lo más brillante de la sociedad; lo dicen las notas de ingreso, lo vemos en el día a día, lo destacan los profesores y lo sabe la sociedad».

«Venís a un EA moderno, que cada día avanza más, la ritmo que impone la tecnología», les advirtió el general, quien quiso recordar especialmente a la alférez alumna Rosa Almirón, fallecida con solo 20 años en su segundo vuelo de enseñanza.

El JEMA leyó la nota que le hizo llegar la directora del instituto de Lucena donde la joven cursó sus estudios de secundaria: «Era una alumna magnífica, linda en todos los aspectos, hizo la ESO y el Bachillerato ejemplares, fue matrícula de honor, pero lo mejor era esa persona increíble, participativa, colaboradora, cariñosa, alegre y risueña. No le faltaba nada».

«A todos nos emocionan estas palabras, porque los militares, además de aguerridos pilotos de caza, somos personas con sentimientos», les recordó el general, quien, como último consejo, les animó a convertir la profesión en vocación. «Es lo que el año pasado dijo el comandante Melero: más que un trabajo es un servicio de entrega a España y, donde se nos requiera, ahí estamos».