Un recreo a prueba de 'bullying'

La educadora Lidia Hernández se dirige a los niños durante el recreo en el colegio Nuestra Señora de Loreto, en Santiago de la Ribera.
La educadora Lidia Hernández se dirige a los niños durante el recreo en el colegio Nuestra Señora de Loreto, en Santiago de la Ribera. / A. Salas
  • Los voluntarios de la Fundación Rafa Puede organizan juegos inclusivos. El proyecto busca integrar a niños con discapacidad y romper barreras en los centros educativos

«Ese niño que en el colegio te parece diferente, luego lo ves superguay», cuenta la educadora Lidia Hernández, voluntaria de la Fundación Rafa Puede, que organiza recreos inclusivos en varios colegios de la comarca del Mar Menor. Entre gritos y carreras, esa media hora de esparcimiento escolar ha dejado de ser la jungla en la que es frecuente ver algo apartada la figura del solitario o el diferente. «Nuestros juegos son para niños con discapacidad y sin discapacidad, para que tímidos y extrovertidos se diviertan juntos y por igual», explica Lidia, quien junto a otros voluntarios de diversas edades gasta una buena parte de sus energías en organizar y divertir a una tribu de escolares incansables en el patio del colegio.

«Estudié Magisterio con la especialidad de Educación Especial y ahora me preparo una oposición, pero vengo los lunes y miércoles al colegio Nuestra Señora de Loreto para estar con ellos. Es lo más gratificante de mi día», afirma la joven maestra. De las carreras en círculos pasan sin coger aliento al juego de la araña. Lidia les sella en el dorso de las manos un monigote de colores como recuerdo y despedida.

La Fundación Rafa Puede, sin ánimo de lucro, trata de favorecer la autonomía de las personas con discapacidad por medio no solo de la investigación y el uso de las tecnologías, como por ejemplo con el desarrollo de prótesis realizadas con impresión 3D, sino también por medio de acciones integradoras, como esta iniciativa de los recreos inclusivos. «Los padres suelen tener la preocupación de que los niños con discapacidad o timidez no se relacionen con normalidad o no disfruten de su tiempo de ocio», explica Lidia Hernández. Con los juegos adaptados en los recreos, estos voluntarios tratan de «fomentar que se mezclen, se reúnan, convivan y aprendan unos de otros», indica Lidia. Ya han implantado dos recreos a la semana en los colegios Nuestra Señora de Loreto y Fulgencio Ruiz de Santiago de la Ribera, Joaquín Carrión de San Javier -donde ya se llevó a cabo como experiencia piloto el curso pasado- y en Los Pinos de San Pedro del Pinatar. Y funciona: «Los profesores nos dicen que han notado que se relacionan más», afirma Lidia.

Está convencida de que a través del juego se acortan distancias y «es una manera de solucionar conflictos». «La fundación trata de promover programas inclusivos», explica la educadora, quien elaboró su trabajo de fin de grado sobre esta organización declarada de utilidad pública y creada por los padres de Rafa, un niño nacido con un síndrome polimalformativo congénito pero con las mismas capacidades de aprendizaje que el resto.

Además de organizar talleres y actividades abiertas a todos -no solo a discapacitados-, la fundación ha fomentado estos recreos con vocación de extenderse al resto de colegios a través de una cantera de voluntarios. «Sabemos que es complicado porque a la hora del recreo mucha gente está trabajando, pero cada vez contamos con más voluntarios dispuestos» a reducir las diferencias desde el patio del colegio, para vacunar a los escolares contra la discriminación o fenómenos tan dolorosos como el 'bullying'.