El temporal deja 82 barcos varados y destapa el hábito de los fondeos ilegales en el Mar Menor

Una embarcación varada en La Loma, en Los Nietos, en una imagen tomada tras el temporal.
Una embarcación varada en La Loma, en Los Nietos, en una imagen tomada tras el temporal. / ANSE
  • Capitanía Marítima registra más de 2.500 amarres no autorizados, 40 sin dueños identificados y 23 con matrículas falsas

Es lo que tienen los temporales, que lo remueven todo. La fuerte tormenta de viento y lluvia de finales de diciembre no solo descargó su rastro de destrucción en tierra. En el Mar Menor, agitó las aguas con toda su furia hasta dejar varados o semihundidos 82 embarcaciones que han tenido que ser rescatadas y extraídas para evitar problemas mayores, no solo para la seguridad de la navegación, sino para la contaminación de este espacio protegido pero desprovisto de medidas de protección.

Los barcos recuperados estaban en realidad fondeados sin autorización, una costumbre extendida en el Mar Menor aunque fuera de la ley ya que, como indica el capitán marítimo de Cartagena, Óscar Villar, incurren en «una doble infracción administrativa: tirar un muerto al fondo del Mar Menor, que está protegido, y por el ancla que tienen que tener». Más de la mitad de los barcos a la gira han sido entregados a sus propietarios, que podrían verse en la situación de tener que responder de las responsabilidades derivadas del fondeo ilegal. Como recuerda el capitán marítimo, las sanciones varían entre los 1.000 y los 3.500 euros, aunque ha habido multas bastante más cuantiosas, como la de 60.000 euros impuesta al dueño de una embarcación cuya ubicación ocasionó la colisión de un barco oficial y una grave lesión a uno de sus tripulantes.

El viento desplazó numerosas embarcaciones que terminaron orilladas en la costa, semihundidas por el agua y desprendidas de sus amarres improvisados, por lo que se extrajeron primero las que podían suponer un riesgo para los navegantes. El daño causado no se queda en el riesgo o la contaminación, sino en el arrastre de trenes de amarre del fondo que han producido estas embarcaciones a la gira, precisamente en el año en que la laguna ha perdido el 85% de su pradera de algas marinas, según comprobó el estudio del Instituto Oceanográfico y Anse.

En un primer momento se llevaron junto al Club Náutico de Santiago de la Ribera y después se han almacenado en el ecoparque de San Javier y en la base militar de Los Alcázares para que sus dueños las recogieran. En la costa de Cartagena, la empresa SGS ha extraído 15 naves hundidas y semihundidas, sobre todo en Los Urrutias, donde encontraron 5. En Islas Menores se localizaron tres; una en Los Nietos, dos en Puerto Bello y tres en Dos Mares, según explica la concejal de Turismo, Obdulia Gómez. En los últimos días la edil ha mantenido reuniones con Capitanía Marítima para evacuar cuanto antes los barcos varados y evitar que se conviertan en fuente de mayor contaminación para la laguna, informa José Alberto González.

Piratas de laguna

Del casi centenar de barcos rescatados, Capitanía Marítima ha localizado 40 cuyos propietarios «siguen sin aparecer», señala Villar, pero el temporal ha destapado algunas formas más de 'pirateo' en el Mar Menor, pillerías marineras para eludir la ley y continuar aprovechando la impunidad de un fondeo a coste cero. «Más de 23 embarcaciones localizadas tenían matrículas falsas con el fin de no ser localizadas por la autoridad», asegura el capitán marítimo. Estos barcos 'piratas' se suman a los que exhiben «matrículas que no se corresponden con los datos auténticos, y luego están los de propietarios extranjeros que se marchan a su país y los dejan a la gira para no hacerse cargo de los gastos de puerto», afirma Villar.

El temporal no ha hecho más que forzar la intervención de las administraciones sobre un problema crónico del Mar Menor: la laxitud oficial ante la costumbre arraigada de fondear libre y gratuitamente.

El capitán marítimo reconoce que «el Mar Menor se ha convertido en una zona franca para tirar un muerto al fondo y fondear en cualquier sitio». Le constan actualmente alrededor de 2.500 barcos amarrados sin autorización, lo que supone un aumento con respecto a hace tres años, cuando los informes de la Comunidad Autónoma reconocían unos 2.100 barcos a la gira. «¿Que por qué no se ha actuado contundentemente antes? No sé», responde Villar, quien se muestra partidario de «regular con un plan de ordenación, porque si no, el uso y costumbre puede dar problemas». Advierte además de la necesidad de un servicio de vigilancia para aplicar sanciones. «No podemos hacer una legislación sin un medio policial que controle las posibles infracciones», explica el capitán marítimo.

Paraíso alegal

La impunidad que rige en las aguas del Mar Menor con respecto a los distintos usos lo ha convertido en el paraíso del libre fondeo. No es que el tema fuese desconocido. En San Pedro del Pinatar registraron el primer expediente para la retirada de barcos no autorizados en el año 2000. La autorización sucesiva de ampliaciones de puertos deportivos para crear nuevos puntos de atraque no ha erradicados los fondeos ilegales. «Los fondeaderos no resuelven el problema», reconoce Villar. Al fin y al cabo, tirar una piedra o un neumático con cemento al fondo es la forma de anclar gratuitamente el barco. El concejal de Medio Ambiente de San Javier, Antonio Luengo, sí cree que resolverá el problema. «Con la ampliación del Club Náutico de La Ribera y el fondeadero del Atalayón, que ya tienen autorización, tendremos amarres que ofrecerles a nuestros vecinos, facilitar la reubicación de esos barcos a la gira y, después, ya no habrá excusas para que Capitanía Marítima sancione», asegura el edil.

Para el director de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), Pedro García, «la Comunidad Autónoma ha hecho dejación de sus funciones. Ni ha desarrollado el marco regulador del Mar Menor como espacio protegido ni lo hará, porque hay consejerías que temen limitar la actividad económica». «Nos preocupan los fondeos ilegales porque fomenta que otros lo hagan, con barcos con el depósito con combustible y sentinas que se vacían en el mar», destaca García. Cree que «no solo no se ha fomentado el respeto al Mar Menor, sino que se han habilitado rampas en distintas orillas para que la gente pueda entrar y salir con su barco cuando les dé la gana, sin tener que pasar por los puertos regulados».