Solo una auxiliar atiende en el colegio de Loreto de San Javier a 19 menores con graves discapacidades

Una maestra del colegio Virgen de Loreto (San Javier) ayuda a un alumno a lavarse las manos.
Una maestra del colegio Virgen de Loreto (San Javier) ayuda a un alumno a lavarse las manos. / A. S.
  • El malestar crece entre los padres por la falta de personal de limpieza para un centro con 65 váteres

«Siento que excluyen a mi hija», explica Ana Ruiz, madre de una niña con trastorno del espectro autista (TEA). El bienestar y la integridad de su chiquilla en el colegio Virgen de Loreto, de Santiago de la Ribera, depende de la auxiliar técnico educativo (ATE), que se encuentra sola para atender a 19 niños con graves discapacidades y que precisan ayuda para casi todas sus acciones básicas, desde ir al aseo a tomar el almuerzo. La situación ha llegado a ser peor, con días sin ATE alguna en el colegio debido a una baja por enfermedad.

En las últimas semanas, a Ana la han llamado varias veces del colegio para que acuda a atender a su hija porque no había auxiliar. La madre ha tenido que dejar su puesto de trabajo para ocuparse de una tarea que le garantizaron que estaría cubierta. «El tiempo que tardo en llegar, mi hija está mojada porque nadie le ha cambiado la ropa. Ya no la dejo tranquila en el colegio», cuenta Ana.

Su caso es el mismo que el del resto de padres con escolares afectados con discapacidades severas, como niños con huesos de cristal, autismo o síndrome de Down, entre otras.

Desde que la ATE se dio de baja por enfermedad, han pasado días sin ayuda alguna, lo que complica hasta el límite la labor cotidiana de las maestras y de las auxiliares del comedor en el centro más grande del municipio, con 730 alumnos, 75 de ellos con discapacidad.

Para la presidenta de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos, María Barreiro, la situación es insostenible porque «este centro es referencia para alumnado con discapacidad precisamente porque teníamos servicio de auxiliar, además de la orientadora, por lo que muchos padres de otras zonas del municipio han optado por traer aquí a sus hijos, pero ahora estamos muy preocupados. Hay muchos padres que proponen organizar una manifestación porque el problema es inaplazable, sobre todo porque se trata de los más vulnerables, los pequeños con discapacidad».

La llegada de una ATE sustituta no ha sido más que temporal, además de que ha dejado el mismo hueco en el instituto Luis Manzanares de Torre Pacheco, donde la noticia del traslado temporal de la auxiliar al colegio de San Javier obligó a algunos padres de alumnos discapacitados a no llevar a sus hijos a clase.

Carencias de personal

La solución de la Comunidad Autónoma no mejora demasiado esta carencia de personal. El director general de Planificación Educativa y Recursos Humanos, Enrique Ujaldón, asegura que no tiene competencias sobre el tema y deriva la decisión al director general de la Función Pública y Calidad de los Servicios, quien anunció ayer que «la próxima semana se incorpora una ATE que sustituye a la que está de baja».

Como la actual auxiliar vuelve al centro de Torre Pacheco, el problema vuelve a repetirse, con 19 niños para una sola auxiliar, que volverá a verse desbordada en su labor.

Al malestar de los padres y profesores se une la suciedad del centro. El colegio con mayor superficie del municipio, 6.800 metros cuadrados, cuenta solo con dos limpiadoras y otra más que acude durante unas horas. «Según las normas publicadas por la Consejería de Educación, nos corresponden cuatro limpiadores, por la superficie y porque tenemos 65 váteres, 38 aulas, salón de actos, gimnasio, aula de psicomotricidad, dos aulas de informática y dos salas de profesores, y porque la directiva ha pedido que no limpien los despachos para descargarlas de trabajo», se queja la presidenta de la Ampa. «Solo pedimos que se ajusten a la normativa que ellos mismos han creado», afirma Barreriro.

Desde 2010 llevan el centro y la Ampa pidiendo un refuerzo de plantilla «por la salud de nuestros hijos», apunta la representante de los padres. «Hemos tenido problemas con niños que se aguantan sus necesidades por no entrar al aseo», explica. A la antigüedad del centro, se añade la falta de mantenimiento, que salta a la vista con piezas oxidadas, baldosines desprendidos y, sobre todo, escasa limpieza debido al insuficiente personal. En los últimos días, las maestras han limpiado las zonas más problemáticas para evitar problemas de salud, pero la suciedad y los malos olores se han convertido en la queja general. Como toda solución, la Dirección General de Función Pública y Calidad del Servicio anunció que a la limpiadora que trabaja por horas se le ampliará el horario a jornada completa.