"La vela latina puede dar al Mar Menor un nuevo aliciente turístico"

El restaurador de barcos clásicos, Antonio Lorente, impulsa desde la histórica casa Barnuevo de La Ribera el turismo de mar, de cultura y naturaleza

A. Salas 03 Oct 2016

Le quedaba una segunda juventud por vivir a aquel 'hotelito' que con las primeras luces del siglo XX se mandaron construir José María Barnuevo y Teresa Sandoval frente a la playa del Mar Menor. Solo un apasionado de la laguna murciana y de la historia, con la suficiente dosis de locura aventurera como el restaurador de barcos clásicos Antonio Lorente, podía sacar el caserón del sonambulismo decadente en que ha vivido en las últimas -muchas- décadas.

A través de la sociedad Círculo Vélico se ocupará de restaurar y conservar gran parte de la que fue villa de veraneo de los Barnuevo, declarada Bien de Interés Cultural, y convertirla en sede cultural para todo tipo de actividades de recuperación histórica y ambiental, sobre todo vinculadas a la vela latina.

Lorente sueña con ver desde la terraza de la casona señorial la orilla de La Ribera con sus barcos centenarios de vela latina amarrados y listos para alquilar a los turistas con servicio de patrón y marinero. "La apuesta tiene que ser el turismo cultural, el buceo, la arqueología, el medio ambiente y la conservación del Mar Menor", asegura el emprendedor.

La villa centenaria estrechará aún más los lazos con la laguna, ya que se convertirá en la nave nodriza de la actividad marinera y el escaparate para el alquiler de chárter, de la Escuela de Vela Latina y la Escuela de Recuperación de barcos antiguos. "No es un invento, sino una tradición del Mar Menor que puede convertirse en un impulso económico y turístico además de dar empleo a muchos jóvenes", afirma Lorente.

Invento lo fue hace varios siglos, ya que según Lorente "es la forma más primitiva de navegar, con la vela de cuchillo, que permite navegar a favor o en contra del viento, por eso Colón la utilizó en una de sus carabelas en el viaje a América". "Antes en el Mar Menor solo se veían velas latinas", recuerda el empresario sobre épocas que solo permanecen en contadas fotos borrosas en blanco y negro.

Los que sí sobreviven son sus barcos históricos de vela latina, una flota de supervivientes que Lorente ha ido rescatando y dando nueva vida para su uso turístico. Así lo hizo hace años con el Isla Ebusitana, el pailebote más antiguo del mundo, que restauró y puso a flote. La niña de sus ojos ahora es el San Antón, que este año cumple un siglo de vida desde que en 1916 lo echaron a la Mar Menor como barco correo, una especie ya del todo extinguida. "Llevaba el correo de una costa a otra de la laguna, pero además fue famoso por sus travesías a Larache", cuenta el armador.

Él mismo ha restaurado esta joya de 42 palmos que se construyó en la isla de Tabarca y que, cien años después, será el protagonista de la Regata del centenario del San Antón en el Mar Menor el próximo 24 de junio.

Para redondear el proyecto aún está pendiente de respuesta de la administración a la solicitud de crear un muelle donde atracar los barcos antiguos de vela latina en La Ribera. "Volveríamos a ver su silueta en el Mar Menor y serviría como atractivo turístico", afirma.

Lorente está deseando amarrar el San Antón frente a la casa Barnuevo, junto a La Conchita, el barco más antiguo de vela latina en perfecto funcionamiento, aportado por Ignacio y Salvador Barnuevo. Compartiría el el Mar Menor los vaivenes de la calma chicha con el 'Ana Mari', un viejo barco restaurado, que servirá para mostrar a los turistas las artes de pesca de la laguna. En la histórica flota se incluyen además dos balleneras, el barco de motor Tito&Gino y el de vela Moby Dick.

Por las escaleras de la historia

Subir los escalones de la casa Barnuevo es tocar la aldaba del pasado. Impone atravesar la cancela modernista de la avenida Sandoval para acceder a la zona que los Barnuevo han alquilado a Lorente: la planta noble, la mitad del jardín y las casas traseras que en su día fueron biblioteca y sala de billar, sacados ahora del abandono.

Lorente ha tenido que retirar la jungla vegetal, sanear tejados y pulir maderas para rescatar el lustre que ya solo quedaba en las fotos descoloridad de señores con bigotes afilados y damas de largo. Si acaso despiden encanto algún viejo arcón y excentricidades como la alacena de cocina que pintó de rosa chillón la hermana de la actriz Susan Sarandon durante unas vacaciones en La Ribera.

Quedan rémoras del pasado, como el ascensor para subir y bajar los platos o la encantadora terraza acristalada y ese mirador de madera que los vecinos admiran desde fuera. Todo conserva un aire de señorío decadente que, tras años de escasa conservación, Lorente se propone rehabilitar para que sirva de sede náutica, espacio gastronómico y cultural.

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