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«Me sacan de mi casa después de 23 años viviendo en la gloria»

Agentes de la Guardia Civil y la Policía Local, este miércoles durante el desalojo.
Agentes de la Guardia Civil y la Policía Local, este miércoles durante el desalojo. / Antonio Gil / AGM

Manuel, de 82 años, ha sido reubicado por los Servicios Sociales en un piso de La Ribera tras el desalojo del edificio Euromanga por orden de un juzgado

A. SALASSan Javier

Manuel Rodríguez, 82 años y madridista hasta la médula, vive inquieto desde ayer, cuando se hizo efectiva la orden del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 1 de Cartagena para desalojar el edificio Euromanga I como medida preventiva de seguridad, «en tanto se certifica el cumplimiento de las condiciones de seguridad y estabilidad de la edificación».

La orden fue ejecutada por agentes de la Policía Local, que acudieron acompañados por la Guardia Civil, para evitar incidentes después de que los vecinos impidiesen el desalojo los días 5 y 8 de mayo. Manuel fue realojado por Servicios Sociales de San Javier en un piso de Santiago de la Ribera, pero con la premura del traslado se dejó en su apartamento de La Manga su «televisor Sony de 42 pulgadas con el 'Plus', con el que veía los partidos de fútbol y los documentales de la naturaleza. «Me han traído a un piso que tiene una tele de 14 pulgadas y 'afónica'. Imagínese cómo es, que tiene una cisterna alta con cadena», lamentaba este jubilado, a quien el conflicto de la seguridad del Euromanga le ha alterado su plácida vida entre dos mares.

Una vecina de Madrid acudió ayer al inmueble a pasar sus vacaciones y se topó con la Policía Local

Desde ayer, mira el horizonte de edificios de La Manga, donde dejó su casa, desde la otra orilla. Manuel llevaba 23 años viviendo en uno de los 106 apartamentos del edificio Euromanga. «Lo compré en el año ochenta y me vine de Madrid, prejubilado, el 5 de enero de 1995, justo 15 días después de jubilarme. Sí, vivo solo y en la gloria», contaba el afectado por el desalojo que ha originado el decreto municipal, a raíz de un informe técnico que detectó «un claro peligro e incertidumbre de que pueda repetirse lo ocurrido con el edificio Mónaco». La caída de tres balcones el pasado 25 de diciembre, en la torre Mónaco, gemelo del Euromanga, motivó el encargo de un informe técnico y el análisis del laboratorio por parte de la directiva de la comunidad de propietarios, que puso en conocimiento del Ayuntamiento.

El informe del arquitecto municipal recomendó la evacuación del edificio y la creación de un perímetro de seguridad de 20 metros alrededor del inmueble para evitar el paso de peatones y vehículos, aunque no resultó tan fácil. La resistencia de los propietarios frustró dos intentos de la Policía municipal para desalojar las cuatro viviendas ocupadas, ya que la mayoría de los pisos permanecen desocupados en invierno. El auto judicial puso fin a la oposición de los residentes, que ayer terminaron de abandonar los pisos, a pesar de que el Ayuntamiento les dio de plazo hasta el lunes. El propietario de la Escuela Náutica Marysar Charter, que funcionaba en un bajo del edificio, también se trasladó a otro local más al sur de La Manga. La casualidad hizo que ayer, en plena operación de vaciado de la torre, llegara de vacaciones una propietaria, a la que la Policía Local informó de la orden judicial. Esta madrileña no sabía nada del desalojo y los agentes, debido a que acababa de aterrizar, le informaron de que la semana próxima no podrá estar en el Euromanga.

Al margen de esta mujer, la Policía Local busca a otro inquilino para notificarle la orden. «Esto ha sido un atropello. Llevo unos días espantosos por un tema que es absurdo, porque ya teníamos gente trabajando en el edificio y hemos pagado ya tres derramas para las mejoras», se lamentaba Manuel. Quiere volver a su piso para recoger la licuadora con la que se hace «los zumos de zanahoria y remolacha ecológicas con limón». Echa de menos su hogar y sus amigos de La Manga. «Aunque yo soy muy casero, de tele y siesta», se sinceraba Manuel. Solo le compensaba que, al menos, le ha dado tiempo de ver el partido del triunfo madridista en la última jornada de la Liga española. «No sé cuánto tiempo tendré que estar fuera de mi casa. Me conformaría con que fueran seis meses», calcula Manuel, para quien la vida continúa a partir de hoy en la otra orilla del Mar Menor.

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