«No quiero verme tirada en la calle con mi niño»

Macarena, con un embarazo de riesgo, hablando en la puerta de su piso con la portavoz de la PAH en el Mar Menor, Charo Tárraga./A. S.
Macarena, con un embarazo de riesgo, hablando en la puerta de su piso con la portavoz de la PAH en el Mar Menor, Charo Tárraga. / A. S.

Dos familias con hijos menores a su cargo se enfrentan a sendas órdenes de desahucio en Torres Blancas, un gueto en pleno centro urbano

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Macarena y Souad apenas se conocen de cruzarse por la calle con el carrito de los bebés, pero tienen en común una fecha próxima de desahucio en los despachos de un juzgado de San Javier. Una murciana, otra de origen marroquí, las dos jóvenes madres llevan escrito en la mirada el temor al futuro más próximo, el que se cumple el día después de la visita de la comitiva judicial. Ninguna de las dos tiene un techo donde meterse con sus hijos a pesar de la situación vulnerable que les ha tocado vivir.

Souad abriga a su pequeña de seis meses de las corrientes frías que atraviesan la colonia de Torres Blancas, convertida en un gueto de familias árabes y de etnia gitana en pleno centro urbano de San Javier. La joven madre, con un 81% de discapacidad por una enfermedad degenerativa que la ha dejado casi sin visión, hace frente en solitario a los cuidados de la pequeña y de un niño de 6 años. Su marido salió de la Región en busca de trabajo, así que Souad se enfrenta sin ayuda a la orden de desahucio por ocupación de un piso propiedad de un banco en Torres Blancas. Si el 6 de febrero acaba en la calle con sus hijos, admite que «no sé dónde iré».

La misma situación es la que le quita el sueño a Macarena, de 26 años, y madre de un niño de 5 añitos. Una entidad bancaria ha promovido el desalojo del piso que ocupa con su marido, quien acaba de encontrar trabajo temporal en un almacén agrícola. Si se cumple el trámite judicial, el 25 de enero deberá abandonar el piso que ocupa desde hace dos años con las puertas rotas, sin luz ni agua. «Entiendo que esta casa no es mía, pero en este momento no tengo alternativa de pagar una vivienda, y no quiero que me echen», afirma Macarena, actualmente en reposo por orden médica porque su embarazo es de alto riesgo. «No quiero verme con mi hijo tirada en la calle», se lamenta la afectada, quien pide que le dejen negociar un alquiler social para no volver a sufrir una nueva amenaza con fecha de desalojo.

Servicios Sociales asegura que «buscará una solución», pero no existe un plan para adecentar el barrio

La edil de Servicios Sociales, Estíbaliz Masegosa, asegura que el juzgado no ha notificado los desahucios al Consistorio «por lo que probablemente no se produzcan los lanzamientos; aún así se buscará una solución». Como medida de choque para paliar las situaciones extremas de algunas familias sin techo, la edil explica que «mientras no tengamos viviendas sociales, desde el Ayuntamiento ayudamos al pago de meses de alquiler». La edil cree que, al tratarse de un problema extendido a todo el territorio regional, la Comunidad Autónoma debe aportar «una solución».

Mercado negro de la vivienda

Para la portavoz de la Plataforma de Afectados por los Desahucios del Mar Menor, Charo Tárraga, «el desalojo de una familia en Torres Blancas no soluciona nada, porque en cuanto salgan de una casa, van a entrar otros a ocuparla igualmente». La mayoría de los casos que llegan a la plataforma son de familias que han ocupando viviendas. Incluso en algunos casos han sido engañadas por un tercero que les cobró alquileres iniciales y luego desapareció, explica Tárraga sobre el nuevo mercado negro de la vivienda en precario.

Y recuerda que los ayuntamientos del Mar Menor, incluido Torre Pacheco -donde el 26 de enero otro banco desalojará a una familia con un nieto a su cargo-, se declararon municipios libres de desahucios. Sin embargo, la activista denuncia que «las entidades bancarias no asumen las decisiones municipales».

Desde cualquier escalera de los edificios de Torres Blancas se ve el mundo a través de cristales rotos y se convive con el riesgo diario de instalaciones eléctricas funcionando en precario. A pesar de ello, no hay plan municipal para adecentar el barrio. Charo Tárraga denuncia que «esto es como un submundo; a nadie le interesa mientras no dé problemas».

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