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Pulsaciones en la UCI a ritmo de los Eagles

Jesús Sivianes, en plena interpretación en la habitación de Ginés Soler, rodeado del personal de UCI. / A. S.

El Hospital Los Arcos incluye la musicoterapia en su plan de humanización de los cuidados intensivos. Varios músicos del Conservatorio de San Javier participan en esta iniciativa pionera

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

«Esa sí la conozco. ¡Es 'Hotel California'!», exclama Ginés Soler, y vuelve a a sonreír en la UCI del Hospital Los Arcos cuatro días después del peor trago de su vida: un infarto que lo puso dentro de un pijama azul en un 'box' presidido por una máquina que le vigila el corazón por si decide volver a sublevarse. El juego de adivinar melodías que le ha propuesto el profesor de guitarra y musicoterapeuta Jesús Sivianes, del Conservatorio de Música de San Javier, le ha ayudado a no pensar por un rato en el 'pulpo' con ventosas que le amarra el pecho. El guitarrista comienza por una improvisación de cosecha propia para pasar después al 'Romance anónimo', atribuido al maestro murciano Narciso Yepes para «una película que fue un poco picantona, ¿no se acuerda?», reta el músico al paciente. «Yo es que soy de Status Quo», se define el oyente, «pero lo mismo de cantautores que de metal ¿eh?, y también conozco clásicos de los sesenta y setenta».

Miembro del grupo de scouts más antiguo de la Región, a Ginés el corazón le ha dado el susto de su vida. «Es que caminamos mucho, pero también cuando paras pues fumas, bebes y comes. Y además, trabajo en un bar. Ahora habrá que vigilarse», se autoconciencia el paciente, a quien la experiencia de la musicoterapia le ha parecido «estupenda, porque te relaja y te olvidas de otras cosas».

Antes de la incursión de la guitarra, el sonido ambiental de la UCI suele estar compuesto por «toses y pitos» de las máquinas que controlan los latidos de los enfermos. «Puede resultar molesto, pero es la certeza de que estás vivo», recuerda el jefe de la UCI, Francisco García Córdoba, quien coordinó en 2010 la puesta en marcha del servicio en Los Arcos.

«Esa la conozco», exclama Ginés Soler, quien recupera la sonrisa tras cuatro días de ingreso por un infarto

Cada año, su equipo, compuesto por 17 enfermeros, 12 auxiliares y 7 médicos atiende a unos 440 enfermos graves, de los que un 20% sufren complicaciones cardíacas y, el resto, postoperatorios difíciles, neumonías, infecciones graves y otras situaciones de riesgo. «La mortalidad en la UCI de Los Arcos es del 10%, lo cual entra dentro de los parámetros normales, pero nosotros no solo intentamos salvar vidas; nuestra misión es la vida y la calidad de vida», explica el doctor García Córdoba con una de esas tonalidades de voz que querrías tener junto a la almohada si algún mal te postrara en cama. «Es que en eso estamos, en humanizar la UCI -'plan HUCI'-, y el tono en que se habla a los enfermos forma parte del tratamiento para que se sientan mejor. A veces consiste en dejarle sus gafas o su audífono», subraya el responsable de la unidad. Quiere que la UCI del hospital costero no sea «uno de esos reductos fríos y secos, donde el enfermo se siente aislado».

Ya han empezado a ordenar la actividad respetando en lo posible el descanso nocturno, adaptando la climatización, suavizando las voces, matizando las luces. «Algo tan simple como poner bombillas rojas por la noche induce a la relajación», explica el supervisor del área, Luis Cuenca, uno de los impulsores, en Los Arcos, del 'plan HUCI', un proyecto internacional en el que trabajan 147 unidades de Cuidados Intensivos de todo el mundo. «Hay que tener en cuenta que más del 20% de los pacientes que pasan por UCI son de estancia corta, no se quedan más que dos o tres días, y están asustados», explica Cuenca.

«El plan incluye flexibilizar los horarios, crear la UCI de puertas abiertas más allá de las dos visitas de rigor diarias, así que estamos tolerando que se quede un familiar por la noche si eso beneficia al paciente», señala. Saben de la ansiedad que genera al paciente y al familiar esa cápsula de aislamiento, por eso estudian un sistema de acceso electrónico que mitigue la tensión de las visitas limitadas. «Hay evidencia científica de que los pacientes acompañados necesitan menos ventilación asistida», precisa el doctor García Córdoba. Le preocupa «el síndrome post-UCI: en la medida que salen mejor, consumen menos recursos, y eso al sistema le debería interesar».

Ya se han empezado a introducir cambios. «Las salas de espera de los familiares han pasado a ser salas de estar; hemos pedido un televisor para ver películas y queremos cambiar los techos, que es donde muchos enfermos miran durante horas», explica Nieves Escudero, supervisora de la UCI. Pero el plan también contempla a los profesionales. «Porque todos sabemos que si tú estás bien puedes administrar mejor el cuidado, por lo que sería bueno tener talleres de control de las emociones y de gestión del estrés».

La propuesta de colaboración del Conservatorio Profesional de Música de San Javier ha llegado tan oportuna como una lluvia veraniega. «Hemos creado una plataforma de voluntariado musical, a la que invitamos a alumnos y músicos externos a participar, porque el Conservatorio no es una factoría de músicos, sino una escuela de valores», defiende su director, Francisco Martínez Aranda. «Si no formamos a la persona, no hay intérprete», recuerda el profesor de piano.

Para esta «pequeña revolución», como llama el doctor García Córdoba al 'plan HUCI', con musicoterapia incluida, han trazado una estrategia concienzuda. Han programado pequeños conciertos en los espacios hospitalarios, que comenzarán por la UCI y llegarán al hospital de día médico, las salas de espera, la unidad de hospitalización y otros espacios a experimentar. «Están disponibles para que la música forme parte de su día a día», indica el director del Conservatorio. El plan más intensivo se realizará de forma individual. Los facultativos de la UCI, junto con el musicoterapéuta Jesús Sivianes, estudiarán el historial de cada paciente para elaborar su particular diagnóstico musical con el fin de «programar las melodías que le pueden ayudar a mitigar la ansiedad, a motivar o relajar, según el momento», indica el músico.

«El plan tiene unos objetivos y controlaremos la música como herramienta. Nada de historias milagreras. Lo importante es que salga de aquí lo mejor posible», respalda el jefe de la UCI. Para el músico, «todos los ritmos sirven, depende de la sensación que se quiera lograr, la relajación o el estímulo. Lo mismo trabajo con música clásica que con rock».

El proceso musical estará medido con escalas científicas y el control de las constantes vitales, la toma de temperatura, la tensión y las pulsaciones entre otros parámetros. «Como suelen estar conectados a las máquinas, es fácil observar la evolución», explica la supervisora Escudero. «No hay paciente para el que la terapia con música no sirva. Incluso el que no está consciente», explica Luis Cuenca.

La guitarra del profesor Sivianes comienza a susurrar melodías acariciantes a los pies de la cama de una paciente terminal. «Está muy sedada, pero quién nos dice que no le llega la música», reflexiona el supervisor. La máquina que hace de ángel de la guarda de la mujer dormida constata su paz. «A veces se altera, pero ahora está muy tranquila», informa Escudero. En la UCI de Los Arcos se observan estos días variables como la sensación de placidez o las escalas de ansiedad. «Tenemos formas de medir la tranquilidad y el delirio, y de ver si la música influye», aclara la doctora Pilar Murcia. Cree que «aún estando en coma, la música es un estímulo, y una de las pocas cosas que permite evocar la vida anterior en los procesos de alzhéimer». A veces, la melodía se convierte en un cabo tendido a la realidad cuando la conciencia se sumerge en la oscuridad. Las cuerdas de Jesús llaman a la durmiente a lo lejos. Pendientes de ella, dos médicos y parte del personal de enfermería, además de su particular 'músico de cabecera'.

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