«Papá, de mayor voy a llevar uno de esos aviones»

Las playas se llenaron de personas que no quisieron perderse las piruetas de los aviones. En la imagen, la patrulla acrobática italiana./Javier Carrión / AGM
Las playas se llenaron de personas que no quisieron perderse las piruetas de los aviones. En la imagen, la patrulla acrobática italiana. / Javier Carrión / AGM

Felipe VI fotografió con su móvil las acrobacias y estrechó la mano del público, que le esperó con vítores en La Ribera. El Festival Aéreo congrega a 300.000 personas en la orilla del Mar Menor y despierta la fiebre patriota y aeronáutica

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Los niños ya no quieren ser solo Cristiano Ronaldo. Las proezas celestiales de los pilotos acrobáticos que participaron ayer en el Festival Aéreo de Santiago de la Ribera inocularon en incalculables espectadores bajitos el sueño de volar. «Papá, de mayor voy a conducir uno de esos aviones y voy a volar muy alto», decía convencido un pequeño subido a hombros de su padre en la playa de Colón, mientras el F-18 Hornet rasgaba el aire a tal velocidad que le brotaban estelas de condensación en las alas. El avión de combate demostró ayer esa capacidad de seducción, además de las de derribar cazas enemigos y bombardear objetivos bélicos.

Las aeronaves invitadas a salir a escena en el Festival, organizado por la Academia General del Aire (AGA) para poner la guinda a su 75 aniversario, se encontraron un cielo limpio y claro. Hasta el sol acató las órdenes del Ejército del Aire, que volvió a dar ejemplo de puntualidad y eficacia a la hora de ejecutar sus exhibiciones. El Rey Felipe VI siguió la demostración desde el Club de Suboficiales y se llevó en su móvil algunos de los 'loopings' más vistosos.

A primera hora, estrenó el lienzo azul la precisión de los saltadores de la Patrulla Paracaidista acrobática, Papea, seguida por el Láser Z300 azul de Jorge Macías, el único piloto acrobático civil que participó en la exhibición. Cuando los 'colibríes' de la patrulla Aspa de helicópteros centrifugaban el aire con sus hélices, la playa iba adquiriendo densidad de hormiguero.

Unas 300.000 personas calcula la organización que llegaron ayer a la costa del Mar Menor. Neveras, mesas plegables, toldos y hamacas amueblaron el paseo y la arena en una jornada de explosión de banderas nacionales. La 'rojigualda' brotó en sombrillas, gorros, camisetas y hasta esa ropa interior que asoma intencionadamente por los pantalones. Las familias desplegaron almuerzos con categoría de 'gaudeamus': vajillas de plástico con magra con tomate, tortillas de patatas y empanadillas se vaciaron antes del Ángelus. El rugido del K-C 135 Stratotanker al pasar hizo temblar los mejillones recién salidos de la lata.

Ayer fue también un poco el día del 'cuñao', ese personaje que lo sabe todo. «El Eurofighter es el avión más moderno del mundo», corregía ayer un espectador al acompañante que le porfiaba que el bimotor era el puntero de Europa. «Te lo digo yo que me dedicaría a esto si no fuera por mi espalda», zanjó la polémica. Más adelante, otro bañista compartía su saber armamentístico: «Eso que lleva el Tiger a los lados es para los misiles». «¡Pero si esto puede llevar hasta cabezas nucleares!», daba que hablar el helicóptero de ataque.

Una de las tareas más difíciles era hacerse un selfi con una de las aeronaves de fondo

La tarea más difícil ayer era hacerse un selfi con un caza de fondo. Menos con el Harrier, que hizo alarde de su capacidad para mantenerse inmóvil en el aire, como un colibrí cuando succiona el néctar de las flores pero con bramido de trueno. El sol animó a darse uno de los primeros baños y ver a remojo a los gigantes voladores como el Canadair, el avión salvabosques que imita las bajadas rasantes de los cormoranes para cargar agua, o la envergadura del Osprey con sus dos hélices gigantes.

Las ovaciones subieron de volumen en la playa cuando el glamour de los Frecce Tricolori dejó estelas verirrojas en el aire. La patrulla acrobática italiana bailó sobre el Mar Menor al ritmo de las arias de Pavarotti, antes de que una burbuja del tiempo diera paso al escuadrón de la nostalgia capitaneado por un Dornier y tres orgullosos Bucker de la Fundación Infante de Orleans, seguidos por un C-101 en un guiño a la historia de la aeronáutica española.

Al vuelo de los aviones históricos le siguió el murciélago europeo. Por algo Arabia Saudí se rascó el cofre de oro para adquirir dos lotes del Eurofighter, que alcanza los 2.450 kilómetros por hora y enseña su ferocidad con el fuego de sus motores. Como anfitriones, los siete pilotos de la Patrulla acrobática Águila arrancaron los aplausos finales con su ingenioso y complejo sacacorchos y el siempre esperado corazón de humo que el 'Solo', el comandante Francisco Marín, atraviesa con una flecha de Cupido. Las emocionantes roturas y la danza final con la bandera española fueron el broche de una exhibición histórica.

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