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Una historia antigua pero reluciente

Una de las escenas del belén restaurado./ A. Salas
Una de las escenas del belén restaurado. / A. Salas

El Belén de España cobra nuevo brillo con un paisaje más realista y las 1.200 figuras restauradas

ALEXIA SALAS

A la intemperie, el viento mueve la vegetación y el sol alumbra cada día la tragedia más larga jamás contada. En el Belén de España, el amanecer devuelve la vida laboriosa a los pobres y el trasiego a las aguas en el río visitado por los pescadores. Cuando llega la noche, la oscuridad ampara a los que huyen, agita las vigilias de los inquietos y agranda el desierto con su silencio. Así transcurre la vida en uno de los belenes más grandes de Europa, con 500 metros cuadrados repartidos en los momentos cruciales del gran drama de la humanidad.

Este año, el montaje ha cobrado nuevo valor, con las 1.200 figuras restauradas por el maestro Jesús Griñán y un paisaje más realista que gana proporciones más armoniosas en la construcción de las casas, en una orografía más reconocible y en escenas que hablan por sí solas. Se nota la intervención de la Asociación de Amigos del Belén en la nueva escenografía, que ha llevado 200 horas de montaje.

La persecución de los inocentes gana dramatismo en plena cuesta de casas humildes excavadas en la roca, como un grito de fondo a la actividad, aparentemente apacible, de los pastores, labradores, artesanos, panaderos y viajeros sin rumbo. Los camellos serpentean entre las pirámides en un desierto más largo que la condena del perseguido, junto a la solemnidad de la ceremonia del adiós del emperador. Son nuevos la escena del embalsamamiento del faraón y el cortejo funerario. También son de nueva construcción las barracas murcianas, decoradas con rosales en la fachada al pie de los huertos.

«Todas las piezas son de escultores murcianos como Jesús Griñán, Manuel Nicolás, José Hernández y Pedro Chico, excepto las de la huida a Egipto, que es obra de José Luis Mayo», explica el concejal de Cultura, David Martínez, para quien el Belén de España es «una joya artesanal dotada de ingenuidad y de vida gracias al amor y la sapiencia que sus responsables ponen en el trabajo».

El edil recuerda a «Alfonso Meca, su primer director, hasta José Antonio Soler, con quienes el belén se ha convertido en un símbolo de cultura. Hace 50 años que un grupo de entusiastas quisieron crearlo, como Antonio López, don Gabriel, Alfonso Meca, Santiago Griñán y Celso, que visitaron al artesano Pedro Serrano y les regaló el primer nacimiento». Como en una narración circular, que vuelve a empezar una y otra vez, la vida sigue a los lados del río, donde se escucha el agua correr y, si se acerca el oído, incluso se siente el murmullo de las conversaciones en la posada. El belén se puede visitar a cualquier hora en la plaza de España de San Javier, donde además se exhibe el Belén de la Marquesa en el vestíbulo del Consistorio y una exposición de figuras de Jesús Griñán en el templo de San Francisco Javier.

La ruta de los belenes continúa con el nacimiento marinero de Santiago de la Ribera, en la explanada Barnuevo, y los de La Manga, El Mirador y La Grajuela. Las actividades aportan además una animación añadida al Belén de España.

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