La falta de enfermero obliga a la maestra a cuidar de un niño diabético, autista y asmático

Pili con su hijo en el patio del colegio Fulgencio Ruiz. / A. S.
Pili con su hijo en el patio del colegio Fulgencio Ruiz. / A. S.

La Consejería de Educación promete incorporar personal sanitario al colegio Fulgencio Ruiz «como medida extraordinaria»

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Cuando Pedro sopla las velas y pide un deseo, siempre es el mismo: «Que se le quite la enfermedad», cuenta su madre, Pilar García, aunque ella no lo cambiaría tal como es por nada del mundo. Solo que hay días en que se pregunta por qué tanto. «Mi hijo es autista y padece asma, hipotonía muscular y diabetes», explica la madre del niño de 9 años que se ha convertido en el centro de su vida.

Pedro es aplicado, cariñoso en extremo, posee una mente imaginativa, no pide nada que no pueda comer -por imposición médica- y se preocupa constantemente por su madre. «Como me dio una trombosis el año pasado, a veces deja de jugar de pronto para venir a preguntarme si estoy bien», cuenta Pilar. Pedro es un unicornio: «Saca notables y sobresalientes en Naturales y Sociales, le encantan las historias de terror, de enfermedades raras y de montañas rusas, y solo pinta en rojo y negro. Se abstrae en su mundo y ha fundado con sus amigos un club imaginario, aunque sobre todo juega solo. No mira a los ojos, pero es muy feliz», cuenta la progenitora. A pesar de las enfermedades que acarrea el pequeño y la constante vigilancia que precisa, a Pilar le preocupan sobre todo las horas que pasa en el colegio Fulgencio Ruiz de Santiago de la Ribera.

«Con el autismo, el niño no nota las bajadas de azúcar, y si le pasa puede perder el conocimiento y, de ahí a entrar en coma es cuestión de minutos» explica la madre, que tiene que acudir hasta cuatro o cinco veces al día al colegio para controlarle la glucemia o comprobar que el catéter de la bomba que lleva el pequeño funciona correctamente, aunque es la maestra de Pedro quien mide cada hora su nivel de azúcar en la sangre.

La tutora se encarga de su control cada hora, así como de avisar a la madre para ponerle la insulina

Esfuerzo de la tutora

«Yo a las 11.20 le pongo insulina para que pueda almorzar, pero la maestra le revisa la glucemia y me pone un 'whatsapp' con el nivel. Así cada hora. Si la tiene alta, tengo que venir corriendo a ponerle insulina. Si la tiene baja, le dan un zumo y a los 15 minutos se lo miden otra vez», explica la madre del niño.

La familia de Pedro entiende lo difícil que resulta para la maestra. «Tiene 23 alumnos, entre ellos a Pedro, con la atención que requiere, dos niños más que necesitan apoyo y una niña china que no habla ni una palabra de español. Pocos maestros hacen eso», afirma Pilar, quien teme que el próximo curso, cuando haya cambio de tutores, nadie controle las especiales circunstancias de Pedro.

«Es una responsabilidad. Lo entiendo, y ningún profesor quiere hacerse cargo. Necesitamos personal sanitario porque además un maestro no tiene por qué saber estas cosas. Yo tuve que ir durante dos meses al hospital a aprender a manejar la bomba» asegura Pilar. Y más en el caso de Pedro, con diversas patologías añadidas. «Cuando vamos a Urgencias tienen que llamar a cuatro o cinco especialistas distintos», asume la madre, pendiente cada hora del día y de la noche del nivel de azúcar del pequeño.

«No lo dejo nunca. Viene conmigo adonde voy. Él me dice que desde que nos conocimos estaremos juntos hasta la muerte», sonríe Pilar, quien destaca la preocupación y la insistencia del centro en solicitar personal de enfermería para atender a Pedro y a otros niños que precisan cuidados sanitarios en la escuela.

El presidente de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (Ampa), Mariano Jiménez, reclama «un enfermero por colegio que atienda a los niños que lo necesitan y desarrolle programas preventivos, de higiene de manos y boca, de alimentación, de salud postural y control de plagas. Lo necesitamos en exclusiva para el colegio».

Por su parte, la Consejería de Educación ha aceptado, después de varios meses de insistencia por parte del centro y de la Ampa, destinar a un profesional sanitario al Fulgencio Ruiz, «como medida excepcional y dados los cambios en el estado de salud del menor». Si no da tiempo a contratarlo antes de que finalice el curso, la Consejería se compromete a dotar al centro con un enfermero a partir de septiembre para poner fin a la situación irregular que obliga a una maestra a suplir las funciones del personal sanitario. De hecho, Educación reconoce que «la tutora del alumno ha realizado una extraordinaria labor de control periódico de sus niveles de glucemia y de comunicación con la madre del alumno».

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