Carpetazo al 'caso del decapitado'

Policías judiciales toman imágenes y pruebas en el coche donde se hallaron los restos de Javier 'El Bolas', en febrero de 2015. / pablo sánchez / agm
Policías judiciales toman imágenes y pruebas en el coche donde se hallaron los restos de Javier 'El Bolas', en febrero de 2015. / pablo sánchez / agm

La juez de San Javier archiva las diligencias por el asesinato de 'El Bolas' al considerar que las pruebas contra el único sospechoso, quien llegó a ser encarcelado, no son suficientes para conducirlo a juicio

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

El asesinato de Javier R. H., alias 'El Bolas' y 'El Largo', uno de los crímenes más espantosos ocurridos en la Región en lo que va de siglo, lleva camino de quedar impune. Sin castigo para su autor. Sin resolver. La titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 7 de San Javier, Isabel María Chico Molina, acaba de dar carpetazo a las diligencias que se abrieron el 19 de febrero de 2015, cuando el cuerpo desmembrado de este vecino de Alcantarilla, que durante un tiempo había trabajado como pinchadiscos en bares de La Curva de Lo Pagán y que en los últimos tiempos parecía inmerso en turbios negocios, fue hallado en el maletero de su Audi ranchera de color negro en el aparcamiento del hospital del Mar Menor. En su cabeza, que había sido burdamente seccionada del cuerpo y metida en una bolsa de basura, al igual que sus brazos, se apreciaba el agujero provocado por una bala.

La Policía concluyó que el crimen estaba relacionado con el tráfico de drogas, pues no en vano se halló un kilo de cocaína y un millón de euros en un garaje de la víctima

Javier había desaparecido ocho días antes, después de dirigirse desde Alcantarilla a la zona de Pilar de la Horadada, donde se había citado con personas desconocidas. Fue en esa cita, en apariencia, donde halló la muerte, que la Policía no tardó en relacionar lógicamente con un ajuste de cuentas, vinculado casi con toda seguridad con el tráfico de cocaína.

No pocos indicios apuntaban en esa línea. De un lado, el asesino no había prestado la menor atención a los 7.150 euros que 'El Bolas' portaba cuando le arrebataron el aliento, pues esa nada despreciable cantidad de dinero fue encontrada en el coche que le había servido de féretro durante una semana. De otro, los policías judiciales que investigaban el asunto hallaron también dos teléfonos móviles, uno de los cuales no era conocido por ninguno de sus allegados y que solo contenía tres contactos, lo que convenció a los agentes de que lo utilizaba solamente para actividades de dudosa legalidad.

El principal encausado guardaba 200.000 euros en billetes en su casa y dos pistolas sin licencia

De maletero a maletero

Pero la confirmación a todas las sospechas sobre la forma que el ya fallecido tenía de ganarse la vida -y de perderla, como acabó ocurriendo- llegó cuando registraron el garaje de una vivienda que poseía en Playa Flamenca y, en el maletero de otro coche, se toparon con más de un kilo de cocaína y un millón largo de euros en metálico.

El rastreo de sus movimientos a lo largo del día 11, posibilitado por el análisis de sus teléfonos móviles, estableció que se había acabado desplazando a la zona de Pozo Aledo, de la que ya no volvió a moverse. Pero la Policía seguía sin dar con el hilo para desenredar la madeja. Y todas las líneas de investigación acababan encallando por falta de consistencia.

Así fue hasta que el 12 de enero de 2016 se recibió en la comisaría una llamada anónima indicando que en la muerte de Javier estaba implicado un antiguo conocido, de nombre J. A. y residente en la zona de Las Punticas, quien habría tenido problemas con la víctima por deudas pendientes.

Los investigadores recordaron la declaración efectuada por un buen amigo de 'El Bolas', quien meses antes había testificado que este le había informado de un problema con otro individuo. «Me la ha hecho muy gorda y sabe que estoy muy mosqueado con él», le había comentado.

Con esa base, los policías enhebraron la hipótesis de que quizás Javier había acudido a cobrarse la deuda y el sospechoso lo había matado para quitarse de encima el problema.

Después de comprobar que algunos de los datos proporcionados por el informador anónimo eran ciertos, como el hecho de que J. A. tenía una finca en una zona muy próxima al hospital del Mar Menor, comenzaron a seguir esa línea y establecieron que este hombre estaba relacionado con 'El Bolas', pues no en vano su nombre y número de teléfono aparecían en uno de los móviles del fallecido.

Seguidamente, analizando la información del teléfono de J. A., llegaron a la conclusión de que ambos habrían estado juntos entre las 16.37 y las 17.46 horas del día de la desaparición, precisamente en una zona muy próxima al centro hospitalario.

Más todavía, determinaron que hacia las cinco de la madrugada del 16 de febrero el sospechoso salió de su casa y se encaminó hacia su finca, lo que los investigadores vincularon con un desplazamiento para deshacerse del cuerpo de Javier.

Con tales datos, el juzgado de San Javier autorizó la detención de J. A. y un registro en su domicilio y en la finca rústica, que permitió hallar unos 200.000 euros en metálico y dos pistolas para las que no tenía permiso. La Policía estableció que este hombre había tenido tratos con 'El Bolas', vinculados al tráfico de cocaína, y que ello había generado algunos enfrentamientos entre ambos. La juez coincidió en que había indicios suficientes para enviarlo a prisión mientras se realizaban algunas pruebas que -esperaba- podían arrojar más luz sobre los hechos.

Sin embargo, ni las pruebas de balística ofrecieron un resultado concluyente, ni las de ADN dieron resultado positivo y tampoco las de análisis del polen -una línea pericial de la que echaron mano los investigadores- aportaron algo sólido.

Con tan escaso bagaje probatorio, la juez estima que no hay más opción que el archivo provisional de las diligencias. El asesinato de 'El Bolas' quedará impune si no surgen nuevos datos que permitan reabrir la causa.

Guerrero: «Solo había algún dato aislado y sacado de contexto»
Javier El Bolas. / LV

Fermín Guerrero Faura, letrado defensor del vecino de Lo Pagán encausado como sospechoso del asesinato de 'El Bolas', mostró ayer su satisfacción por el archivo de la causa. «Realmente no cabía otra posibilidad, pues solo existían algunos datos aislados y sacados de contexto, como retazos de conversaciones telefónicas», valoró el contenido del material probatorio existente en las diligencias, que consideró prácticamente nulo. «Estoy convencido de que mi cliente no cometió el crimen. La Policía tuvo abiertas múltiples líneas de investigación, y se llegó a decir que podían haber sido rusos, colombianos, algún clan familiar... Al final tiraron por esta vía, que se ha demostrado errada». Guerrero no descartó que el juzgado pretenda ahora perseguir a su cliente por posible tráfico de drogas o blanqueo, «pero la causa principal está cerrada».

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