Una banda revienta tres cajas acorazadas tras hacer un butrón en unos viveros de San Javier

La reja de la ventana del aseo fue arrancada por los asaltantes. / a. g.
La reja de la ventana del aseo fue arrancada por los asaltantes. / a. g.

La activación de una alarma impidió a los ladrones hacerse con 40.000 euros en pagarés

Jorge García Badía
JORGE GARCÍA BADÍA

Los ladrones trabajaron a destajo, como si fuesen una cuadrilla de albañiles. «Sacaron rejas de las ventanas, hicieron un butrón, cortaron barrotes de hierro con una radial...», enumera indignado Paco Triviño, uno de los dos socios de Semilleros El Mirador, cuyas imponentes instalaciones abarcan un área de diez kilómetros a caballo entre San Javier, la pedanía murciana de Sucina y Pilar de la Horadada. Su enfado se debe a que suma tres robos consecutivos entre el 23 de diciembre y el 10 de enero. En el último, además, sospecha que los asaltantes han contado con información de un extrabajador o de alguien próximo a la plantilla. «Eran conocedores de todos los pasos que daban; ¡parecía que tenían un croquis!».

Habría que añadir que tenían hasta el cuadrante de los turnos de trabajo, ya que el golpe se inició justo después de que los últimos empleados abandonasen la zona de siembras, a las nueve de la noche del pasado jueves. Justo a esa hora, cada día, el vigilante de seguridad se dirige a las perreras para liberar a la docena de pastores alemanes que custodian el recinto. Pero en ese momento ya había un caco dentro, oculto en un desagüe, aguardando la llegada del guarda. «Le golpeó por detrás, le echó un gas que le hizo desmayarse y sufrió un golpe en la cabeza», aseguró ayer a 'La Verdad' Paco Triviño.

Al parecer, el grupo de asaltantes se coló en una casa de campo que linda con Semilleros El Mirador y desde ahí abrieron un boquete en la valla perimetral. «Arrancaron rejas de las ventanas de la sala de juntas y el aseo». En su recorrido, como si lo tuvieran ensayado, rompieron tres sensores de seguridad y evitaron todas las cámaras de videovigilancia que hay en las zonas de oficinas y cocheras. «Sabían dónde estaban las cajas fuertes», asegura el gerente de la mercantil, Antonio García. Y no habla en vano, ya que también debían de conocer que se trataba de una habitación de seguridad, con un encofrado en las paredes que ocultaba unos barrotes de hierro. «Es como una jaula», resume Triviño. De poco sirvió, pues llevaban tal cantidad de herramientas que abrieron un butrón, cortaron hierros y empezaron a reventar cajas fuertes.

«Al vigilante de seguridad le golpearon por detrás y le echaron un gas que le hizo desmayarse»

«Forzaron tres cámaras y con la cuarta, en la que había entre 30.000 y 40.000 euros en pagarés de los clientes, saltó la alarma», subraya aliviado el gerente. Tanto Antonio García como Paco Triviño se personaron en las instalaciones para ver qué había ocurrido. «Al llegar soltamos a los perros y estos localizaron al vigilante; iba drogado, deambulando sin saber dónde estaba». De hecho, pasó la noche ingresado en observación en el Hospital Los Arcos. La investigación de este robo con violencia e intimidación la asume la Guardia Civil, que ayer movilizó a un grupo de agentes para realizar una minuciosa inspección de las instalaciones.

El golpe de esta banda organizada le ha causado a la empresa más de 4.000 euros en destrozos, los cuales se suman a la factura de 2.500 euros por los dos palos asestados en Sucina el 23 y el 31 de diciembre. En la primera ocasión, saltaron la verja y se llevaron una furgoneta, en la que cargaron ordenadores y herramientas como cortadoras y taladros. La segunda vez, tres magrebíes fueron sorprendidos por un guardia civil en pleno robo, pero huyeron por un invernadero. «Vamos a meter cámaras de seguridad en todas las instalaciones», sentencia, cansado de tanto robo, este socio de Semilleros El Mirador, una de las instalaciones del sector más grandes de la Región, con 150 empleados y más de un centenar de clientes.

En la empresa tienen claro que los dos primeros robos no tienen nada que ver con el despliegue del jueves: «Estos últimos eran un grupo de profesionales».

 

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